¿Pensaste que me había
olvidado de vos, Roberto?
El tiempo pasó, lo
sé. Y ya no soy la misma mujer que antes. No solo maduré como persona, también
cambié mi físico.
Sí, Roberto, me
operé.
Por fin pude
cumplir el sueño que por tantos años dilaté por el miedo que me impusiste con
tus tontas ideas sobre los médicos que
iban a chuparme las tetas mientras estuviese anestesiada. Pues te cuento, amor mío,
que nadie me chupó las tetas en el quirófano porque justamente eso fue lo que
me operé. Me puse pechos. Duros, gigantescos y con los pezones parados y
rosados como dos frutillas. Me siento tan plena con mis nuevos senos, tanto
como antes de perder mis ovarios ¿Recordás, Roberto? ¿Cuando aún conservaba mis
ovarios y estaba llena de vida? Pues así me siento ahora.
Tengo que admitir,
querido Roberto, que jamás viví un terror semejante antes de entrar al quirófano, ni siquiera como la vez que tuvimos que escapar de la policía por la Ruta 14 porque
vos me estabas llevando a los carnavales
de Gualeguaychu en un Fiat Duna robado. E igual que aquella vez, estaba sola
afrontando la titánica tarea de soportar la angustia, el miedo y el dolor. Ni
vos ni Renata, nuestra hija que por más problemas psiquiátricos que tenga es
amada, estuvieron para acompañarme. Y así, tampoco están ahora compartiendo
esta etapa de mi nueva vida. Vaya a saber donde está Renata, lo último que supe
de ella fue que seguía con su hediondo pretendiente recorriendo Catamarca para
concientizar a los lugareños sobre el reciclado de basura ¿A vos te parece lógico,
Roberto? ¿Hablarle de reciclado a gente que ni siquiera produce basura porque básicamente
no come? Pero honestamente, ya no me importa. No voy a entrar en crisis por las
locuras de la nena, este es mi momento y nada va a opacar la felicidad que me
producen mis pechos nuevos.
Me siento plena,
satisfecha y de nuevo, una mujer completa (aunque siga sin mis ovarios), y por
eso estoy decidida a salir a la calle y conseguir un hombre que me haga sentir nuevamente
el éxtasis de un orgasmo ¿Acaso te produce celos? Es lo que busco, Roberto, que
enloquezcas de celos y sepas que ya no necesito tu pequeño pene para sentirme
viva otra vez. Esta misma noche los hombres de la ciudad van a conocer a la
nueva Mónica y sus tetas juveniles. Pero primero voy a buscar a Encarnación
para recuperarla. Desde que tuve que echarla no volví a encerar los pisos y la
suciedad ya me está dando asco. Tal vez algún día vuelva a escribirte, o
mandarte una invitación a lo que será mi fastuoso casamiento si algún pretendiente
me declara su amor eterno ¿Quién sabe, Roberto? ¿Quién sabe?
Tuya, Mónica