domingo, 29 de junio de 2014

¿Pensaste que me había olvidado de vos, Roberto?
El tiempo pasó, lo sé. Y ya no soy la misma mujer que antes. No solo maduré como persona, también cambié mi físico.
Sí, Roberto, me operé.
Por fin pude cumplir el sueño que por tantos años dilaté por el miedo que me impusiste con tus tontas ideas  sobre los médicos que iban a chuparme las tetas mientras estuviese anestesiada. Pues te cuento, amor mío, que nadie me chupó las tetas en el quirófano porque justamente eso fue lo que me operé. Me puse pechos. Duros, gigantescos y con los pezones parados y rosados como dos frutillas. Me siento tan plena con mis nuevos senos, tanto como antes de perder mis ovarios ¿Recordás, Roberto? ¿Cuando aún conservaba mis ovarios y estaba llena de vida? Pues así me siento ahora.
Tengo que admitir, querido Roberto, que jamás viví un terror semejante antes de entrar al quirófano, ni siquiera como la vez que tuvimos que escapar de la policía por la Ruta 14 porque vos me estabas llevando a  los carnavales de Gualeguaychu en un Fiat Duna robado. E igual que aquella vez, estaba sola afrontando la titánica tarea de soportar la angustia, el miedo y el dolor. Ni vos ni Renata, nuestra hija que por más problemas psiquiátricos que tenga es amada, estuvieron para acompañarme. Y así, tampoco están ahora compartiendo esta etapa de mi nueva vida. Vaya a saber donde está Renata, lo último que supe de ella fue que seguía con su hediondo pretendiente recorriendo Catamarca para concientizar a los lugareños sobre el reciclado de basura ¿A vos te parece lógico, Roberto? ¿Hablarle de reciclado a gente que ni siquiera produce basura porque básicamente no come? Pero honestamente, ya no me importa. No voy a entrar en crisis por las locuras de la nena, este es mi momento y nada va a opacar la felicidad que me producen mis pechos nuevos.
Me siento plena, satisfecha y de nuevo, una mujer completa (aunque siga sin mis ovarios), y por eso estoy decidida a salir a la calle y conseguir un hombre que me haga sentir nuevamente el éxtasis de un orgasmo ¿Acaso te produce celos? Es lo que busco, Roberto, que enloquezcas de celos y sepas que ya no necesito tu pequeño pene para sentirme viva otra vez. Esta misma noche los hombres de la ciudad van a conocer a la nueva Mónica y sus tetas juveniles. Pero primero voy a buscar a Encarnación para recuperarla. Desde que tuve que echarla no volví a encerar los pisos y la suciedad ya me está dando asco. Tal vez algún día vuelva a escribirte, o mandarte una invitación a lo que será mi fastuoso casamiento si algún pretendiente me declara su amor eterno ¿Quién sabe, Roberto? ¿Quién sabe?


Tuya, Mónica 

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