Me probé los
zapatos más lindos que puedas imaginar. Cuero, estampado de leopardo, una
delicia. Sabés que adoro el animal print, me hace acordar las vacaciones en
África.
¿Te acordás esas
vacaciones? Te agarraste salmonella (aún te creo que no tuviste relaciones
sexuales con una local), y yo vi un montón de negros juntos por primera vez en
mi vida.
Ya no me llevás de
viaje a ningún lado, es porque estoy vieja, lo sé. Pero no tenemos porque ir a
la playa, podemos visitar Canadá en invierno como soñábamos cuando éramos
jóvenes.
Desde que me
extirparon el útero no me llevás de vacaciones ni me mirás igual. Ni siquiera
después de aquel aborto en el que casi me muero fuiste tan distante como lo sos
ahora. Estoy segura que el aborto dejó una mancha negra en tu corazón, una
mancha que no lograste borrar ni con el alcoholismo que adoptaste como estilo
de vida. Pero no quiero hablar de tu horrible adicción ahora.
¿Querías tener
esos trillizos?
Yo no podía lidiar
con la crianza de otros tres hijos después de los 40. Fui cruel, lo sé.
Abortar a los seis
meses de embarazo es un crimen, me dijiste.
Crimen es que no
quieras hacerme el amor, te dije yo. Después de eso, todo se fue al carajo. Con
perdón de la palabra.
Te dejé embarazada
porque te hice el amor, dijiste. Tuve que admitirte que no eran tuyos.
Me seguiste amando
a pesar de todo, aunque a veces me pregunto cuánto de la mentira quisiste
creer. Cuando te conté que estaba embarazada sabías que no me habías hecho el
amor en dos años.
Extraño mi útero.
Siento un vació donde deberían estar. Los tulipanes no lo llenan. La heroína
tampoco, pero de eso prefiero no hablar porque sé que te molesta el asunto.
Mejor te cuento de los zapatos con estampado de leopardo. Son tan lindos, me
siento una reina cuando me los pongo, aunque no me los compré. No pude hacerlo,
la vendedora me inhibió. Ella me ayudó a probarme el zapato en el pie izquierdo
y lo tocó como nunca nadie me tocó un pie, ni siquiera vos. Pensé en revolcarme
con ella, que me chupe las tetas. Me conocés, sabés que soy muy tímida. Me
sonrojé y me fui sin comprarme los zapatos que tan hermosos me quedaban. Es la
primera vez en mi vida que tengo pensamientos lésbicos, espero que sea la
última también. Tuya, Monica
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