Recibí la visita
de Renata, juntas descubrimos que el perro de la vecina se mete en el jardín y me orina los tulipanes. Lamento relatarte semejante vulgaridad,
pero estoy al límite de un ataque de furia. Mejor te cuento de nuestra hija, cómo
quisiera que pudieses verla hoy, tan crecida. Es la viva imagen tuya. Cuando se
enoja se le ponen los ojos en blanco y pierde la conciencia, empieza a hablar
en una lengua extraña e incomprensible y convulsiona hasta tragarse la lengua. Cuando
empieza a con esos espasmos horribles yo le pongo una cuchara de madera bajo la lengua
para que no se le meta adentro. Me sorprende la fuerza que tiene a pesar de
estar convulsionando, se retuerce con una energía que hace acordarme cuando yo
era joven y bailaba en la compañía de ballet. Fui famosa durante todos los años
que bailé. Sigo pensando hoy en día que el día que se rompió el piso del
escenario y caí al vacío fue un atentado de la mal nacida que quería mi lugar
en la compañía. Cuatro costillas rotas y la cadera desplazada. Es el día de hoy
que aún siento el dolor punzante de las maderas astilladas clavándose en mi
piel. Ay, tantos dolorosos recuerdos me vienen a la mente. Pero Renata no
baila, dice que para ser puta prefiere serlo sin pasar vergüenza. Esa boca de
cloaca es otro vivo reflejo de tu genética. Pobrecita, está tan malhumorada y
dolida con la vida y ni siquiera tuvo hijos. Claro que con esos espasmos
horribles quien va a querer darle hijos ¿La imaginas amamantando un bebe en
medio de un ataque convulsivo? Seguro reíste al pensarlo, admito que a mi me
pasó también.
No hay criatura en
el mundo que merezca esa madre, le dije.
Pero Renata piensa
que yo la odio, porque enloqueció al escuchar esa verdad pura de mi boca. No
entiende que lo mío es amor de madre. Yo, que perdí el útero después de aquel
terrible accidente que ni me atrevo a nombrar pero que tan bien recordarás, se
mejor que nadie lo que es el amor. El punto es que no le gustó mi honestidad, y
automáticamente los ojos se le pusieron blancos y empezó a escupir espuma por
la boca en medio de oraciones imposibles de descifrar. Y a todo esto el perro
de mierda apareció en el jardín y meó los tulipanes mientras yo trataba de
contralar el ataque de nuestra hija. Te lo juro por la Virgen, le voy a cortar
las bolas a ese perro desgraciado y se las voy a mandar a la vecina en una caja
con moño verde.
Yo así no puedo
más, Roberto, estoy agotada. Necesito vacaciones. Tuya, Monica
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